Así como en nuestro tiempo, que para esconderse hay que sobreexponerse,
que para encontrar silencio se debe escuchar ruido blanco,
así, también para huir del lugar común hay que comenzar en éste.
It started as a place to talk about semiology ("Digressions on Semiotics"). One day it woke up without its heart. It is kept alive with artificial assistance, it must be feed up with borrowed memories.
Así como en nuestro tiempo, que para esconderse hay que sobreexponerse,
que para encontrar silencio se debe escuchar ruido blanco,
así, también para huir del lugar común hay que comenzar en éste.


Texto extraído de Lecturas Dominicales, revista dominical del periódico colombiano El tiempo.Alberto Irirarte Rocha -que así se llama, aunque tal vez él no lo sepa- nació en Bogotá en 1920. Sus compañeros de colegio lo llamaron Mefisto, y así se quedo para siempre, por el engaño de sus ojos luciferinos que nada tienen que ver con su alma.
En su primera juventud fue un arquitecto con los pies sobre la tierra que vivió en París y Carácas, y trabajo con Sert en Nueva York. De pronto, sin que mediara ninguna desilusión, se dejo crecer la barba y se vistió de profeta, y se fue a vivir en Envigado, un lugar idílico de la cordillera colombiana donde se dan silvestres las muchachas bellas.
Como sus contemporáneos, los monjes del siglo XVI, tratando de esconderse del mundo, se encontró con la vida.
Lo único que se reservó de ella, sin embargo, fue su propia intimidad. Se levanta a las seis de la tarde. No ha vuelto a leer un periódico, y en sus horas de trabajo no hace mas que leer y escuchar música. Pero en sus horas de ocio, pinta. Como lector, considera que todo libro necesita por lo menos un siglo de existencia para merecer la gloria de ser leído. En pintura tiene un criterio mas drástico: nunca ha pintado un cuadro que no se ciña a las normas establecidas por el Concilio de Trento.
De modo que su obra esplendida y escasa mas bien un acto de purificación de un hombre de otro tiempo, empeñado en la tarea solitaria de inventar otra realidad para existir en ella. Porque en la nuestra, a decir verdad, no estoy muy seguro de que exista.
Hay un arte que se configura más como una relación dialógica entre el artista y el objeto plástico, que con el futuro lector. Hay un arte que es todo lo contrario.
Cuando la industria sígnica, entendida como exploración de significantes [1] es agotada por la acumulación histórica y relegada por las exigencias de una novedad acelerada, surge el postmodernismo, que no es más que la industria sígnica, entendida como exploración de significados.